Una constelación familiar se crea cuando
una persona quiere aclarar un tema específico de su vida. Se reúne un
grupo de personas, todas ellas diferentes, con distintas inquietudes y
dilemas a resolver, y se crea un círculo en el cual se dará lugar a las
constelaciones de aquellos que lo soliciten, y dentro del cual quedarán
todos los secretos e intimidades protegidos por el respeto y el amor.
Esta persona expone ante el facilitador su
tema y a partir de aquí, y guiado por su intuición, elige a distintos
miembros del grupo como representantes de las personas que forman su
estructura familiar.
A continuación coloca y relaciona los
representantes en el centro de la sala. Hecho esto la constelación cobra
vida de forma que los representantes comienzan a sentir las emociones,
miedos y deseos de las personas a quienes representan.
Con este método el origen del desorden
sale a la luz. De modo admirable y sorprendente, la verdadera historia
de la familia se manifiesta y expresa viéndose con claridad por primera
vez.
El facilitador va guiando a las personas hasta una constelación
final donde cada cual toma la responsabilidad que le corresponde.
Estas constelaciones no sólo explican y resuelven casos individuales,
nos permiten también comprender las leyes invisibles que rigen nuestras
relaciones.
Todos los miembros de la familia, incluyendo aquellos que están ausentes por muerte y separación, están energéticamente presentes en la estructura familiar y afectan a los otros miembros.
Recreando la estructura o constelación
de la familia, las relaciones dentro del sistema pueden aclararse. Los
participantes pueden ver como las dinámicas no resueltas han estado
afectándoles desde la infancia. Con este trabajo se logran, una y otra
vez, traer a la luz lo oculto y hacer visible la causa de determinados
conflictos. La realidad aceptada es liberadora, disuelve las
implicaciones en viejas ilusiones y abre paso a la reconciliación. De
esta manera la perspectiva se amplía y con ella también la
responsabilidad.
